Quien haya trabajado en una librería sabrá que esta fecha es un reflejo, concentrado y delirante, del imparable rodillo con el que la industria satura las mesas de novedades. En ellas hay a menudo títulos interesantes, desde luego, pero el lector puede llegar a sentirse abrumado por la avalancha.
Por eso, por hacernos a un lado para que el estruendo de esa maquinaria pase de largo y recordar que la buena literatura no necesita de urgencia ni ruido, aprovechamos la ocasión para recomendar un puñado de libros de ficción y sus fronteras que, si bien tuvieron un merecido eco en su día a nivel nacional o en varios países, no llevan ya el marbete de «novedad editorial».
Quien haya trabajado en la prensa cultural sabrá de la tiranía de esa etiqueta, como si el valor y la vigencia de una voz, una mirada o una tarea literaria tuvieran fecha de caducidad. Así, hemos elegido unas cuantas novelas y algunos libros de relatos que, estamos seguros, mantendrán vivo su efecto y su calado en cada primera lectura.
Porque, a pesar de haber recibido premios y traducciones en varios casos, les podemos asegurar que, al preguntar por algunos de estos nombres en Ciudad de México, Madrid, Lima, Buenos Aires o Bogotá, cuando no se trataba de compatriotas seguían siendo bastante desconocidos para no pocos lectores, libreros y compañeros de oficio. Hagan la prueba, si lo desean: ¿cuántas de estas obras habían leído ya? ¡Cuántas nos faltarían a nosotros en otras listas similares!
En veintiún libros, todos publicados en lo que llevamos de siglo xxi, nuestra propuesta abarca catorce países, ocho autoras y trece autores de varias generaciones, nacidos entre 1950 y 1991, para trazar otro mapa posible de la narrativa actual en nuestro idioma. Ojalá que nuevos lectores los busquen y disfruten, en el Día del Libro o en cualquier otro.
Anatomía de la memoria, de Eduardo Ruiz Sosa (Culiacán, Sinaloa, 1983). Candaya, 2014. El impresionante debut en la novela del autor mexicano, que apuesta sin ambages por una narrativa compleja, inmersiva y de múltiples capas.
Carne de perro, de Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, 1950). Anagrama, 2003. Cierre postergado de su ciclo sobre La Habana, deja en pañales a buena parte de la «autoficción» contemporánea con una literatura empapada de vida.
Como si existiese el perdón, de Mariana Travacio (Rosario, 1967). Las afueras, 2020. Junto a Quebrada (2022), el libro más sólido hasta la fecha de esta narradora argentina, comparada con Rulfo, sí, pero ingeniera de un camino propio.
El boxeador polaco, de Eduardo Halfon (Ciudad de Guatemala, 1971). Libros del Asteroide, 2019. Publicada primero en 2008, en esta magnífica colección de relatos autorreferenciales aparece ya la quintaesencia de toda su obra posterior.
Esta herida llena de peces, de Lorena Salazar Masso (Medellín, 1991). Angosta / Tránsito, 2021. La primera novela de una narradora que sorprende por su madurez, el poso de lúcidas lecturas que permea el texto y una potencia lírica sin impostura.
Geografía de la oscuridad, de Katya Adaui (Lima, 1977). Páginas de Espuma, 2022. La belleza, la herida y la autenticidad presentes en el conjunto de su obra narrativa, convergen con sabiduría en este conmovedor libro de cuentos.
Hecho en Saturno, de Rita Indiana (Santo Domingo, 1977). Periférica, 2018. Con la musicalidad de su prosa y las cargas de profundidad de su propuesta, esta formidable novela logra tocar lo universal desde lo particular.
Insensatez, de Horacio Castellanos Moya (Tegucigalpa, 1957). Tusquets, 2005. Novela vibrante y bernhardiana, escrita con un arrojo y una lucidez que revientan cualquier prejuicio sobre la «literatura centroamericana».
La hija del Este, de Clara Usón (Barcelona, 1961). Seix Barral, 2012. Con un texto híbrido y polifónico en lo formal, pero de una profunda clarividencia que va más allá de la novela, la autora alcanzó su maestría.
La resta, de Alia Trabucco Zerán (Santiago, 1983). Demipage / Tajamar, 2015. Con permiso de Meruane, Fernández o Costamagna, nuestra autora chilena favorita firmó otro debut extraordinario con esta novela inteligente y audaz.
La telepatía nacional, de Roque Larraquy (Buenos Aires, 1975). Eterna Cadencia, 2020. Tan original como su primera novela, La comemadre (2011), pero con un manejo de la sátira y lo bizarro que evoca a ciertos maestros centroeuropeos.
La vaga ambición, de Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976). Páginas de Espuma, 2017. La sagacidad, el humor implacable y el compromiso con la escritura que recorren toda la obra del autor cristalizan en su mejor libro de cuentos.
Los afectos, de Rodrigo Hasbún (Cochabamba, 1981). Random House, 2015. El objetivo del boliviano consigue en esta novela un equilibrio perfecto entre el gran angular social y el macro preciso al enfocar la intimidad.
Los llanos, de Federico Falco (General Cabrera, Córdoba, 1977). Anagrama, 2020. Obra de madurez de un brillante autor de cuentos y novelas que, con una prosa sin alardes, hace de la inmensa pampa un lugar de duelo y meditación.
Mugre rosa, de Fernanda Trías (Montevideo, 1976). Random House, 2020. Si tiene algún sentido escribir otra distopía, será siempre para fabular sobre nuestras luces y sombras como lo hace en esta novela la uruguaya.
Nuestra piel muerta, de Natalia García Freire (Cuenca, 1991). La Navaja Suiza, 2019. El personalísimo y telúrico mundo narrativo de la ecuatoriana comenzó a labrarse en esta novela, una sutil decantación de lecturas y obsesiones.
San, el libro de los milagros, de Manuel Astur (Grado, Asturias, 1980). Acantilado, 2020. Como una canción pagana atemporal, terrible y poética, hay algo casi primigenio en esta hermosa novela que resonará en la memoria del buen lector.
Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera (Actopan, Hidalgo, 1970). Periférica, 2009. En la ya extensa trayectoria de un autor exigente y que vuela siempre a gran altura, quizá sea su novela más singular, con aliento de obra maestra.
Técnicas de iluminación, de Eloy Tizón (Madrid, 1964). Páginas de Espuma, 2013. Escrito en estado de gracia, desde el asombro genuino pero con el paciente oficio de un maestro, el del mejor cuentista español de las últimas décadas.
The Night, de Rodrigo Blanco Calderón (Caracas, 1981). Alfaguara, 2016. Crónica alienada de una sociedad a la deriva en otra primera novela que sorprendió por su destreza y su firme voluntad de trascendencia literaria.
Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau (Lima, 1966). Candaya / Peisa, 2018. Monumental pórtico de entrada a la literatura de uno de los novelistas más ambiciosos e imaginativos de nuestro tiempo, dentro y fuera del español.